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  • Héctor Márquez
Héctor Márquez
Núm. 37 (2016), Críticas de exposiciones, Páginas 312-317
DOI: https://doi.org/10.24310/BoLArte.2016.v0i37.3344
Derechos de autor

Resumen

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla. Del 30 de enero al 22 de mayo de 2016.

Siempre recordaré la vez primera que asocié a personas concretas la autoría de aquellas pintadas que inundaron el centro de Málaga a primeros de los años ochenta: «POEZÍA». Eran amigos de un compañero de clase en primer curso de Filología, Miguel Ángel Albarracín, el Mickey, mayores que yo, tampoco tanto, pero con esa distancia que parece insalvable durante los primeros años de tardoadolescencia. Allí estaban: distantes, exquisitos, absolutely monderniers, gastando gafas de sol durante el desayuno en el Gambrinus que había cerca de la facultad de Letras en San Agustín. Allí estaban Antonio García, Sebas Becerra, la Paqui, Rogelio López Cuenca, Luis, El Moreno, Pedri, Pepe, Maricarmen, Esteban Pujals... Seguro que alguno más, puede que alguno menos aquella vez. Mickey se sentó con ellos. Hablaba con ellos con la familiaridad que daba la pertenencia a un grupo escogido. Eran los más cool. Eran school. Estaban en otra división. Moreno, que era, y sigue siendo, rubio y de ojos azules, hablaba con un acento imposible como de haber recibido el biberón a lomos de un perro afgano cuando chico. Sebas, siempre con los ojos a punto de salirse de las órbitas, hacía alusiones políticas que me sonaban a chino. Rogelio, cuando se quitaba las gafas de sol, pestañeaba todo el rato. Eran divinos. Pero eran rojos. Tenían una casa en el llano de la Trinidad que compartían todos en comuna.

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