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  • Miguel Ángel Fuentes Torres
Miguel Ángel Fuentes Torres
Núm. 25 (2004), Críticas de exposiciones, Páginas 836-839
DOI: https://doi.org/10.24310/BoLArte.2004.v0i25.4644
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Resumen

No hay herida más dolorosa que aquella que no sangra. Siempre hemos notado que el dolor se puede interiorizar hasta desembocar en un cúmulo de sensaciones que de alguna manera quedan reflejadas en el exterior a través de los rostros. Son muchas las heridas que se agolpan en el infierno de una mirada. Son demasiadas las veces en que el tacto no soporta tanto abandono.

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