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Juan Antonio Sánchez López
Universidad de Málaga
España
Núm. 39 (2018), Contrastes, Páginas 73-90
DOI: https://doi.org/10.24310/BoLArte.2018.v0i39.5247
Derechos de autor

Resumen

Giacomo Serpotta (1656-1732) es, quizás, uno de los más grandes escultores del Barroco. Pese a gozar de un palpable y creciente reconocimiento historiográfico, todavía es un perfecto desconocido en términos universales. Su actividad en un contexto italiano relativamente periférico (Sicilia) y la especialización en la técnica del estuco podrían explicar que todavía persista su consideración más como decorador que escultor. Sin embargo, sus celebradas intervenciones en los espacios sacros provocaron que la presencia del elemento escultórico jugase un papel decisivo y clave en términos de función, ornamentación, discurso y mensaje, en aras a la apetecida conversión del conjunto en un auténtico artefacto retórico, de incalculable eficacia comunicativa y persuasiva. En este artículo se analizan y reivindican críticamente tales aspectos, a la par que se estudia, desde la doble perspectiva histórico-artística y estético-iconográfica, la antológica serie de las Virtudes Seráficas acometida, hacia 1723, para la Basílica de San Francesco en Palermo.

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