En la primera década del siglo XXI cristalizó en la literatura académica la noción de “sueño europeo”, con la que se perfilaba las dimensiones políticas, sociales y económicas de un ideal común de progreso emergente. La fortuna del término se debe en buena parte al teórico social y economista Jeremy Rifkin, autor en 2004 del libro The European Dream, cuyo subtítulo manifestaba unas expectativas ciertamente optimistas: “Cómo la visión del futuro de Europa está eclipsando silenciosamente al sueño americano”. Al entender de Rifkin, la visión ideal del Viejo Continente se sostiene sobre unos valores y principios que resultan más atractivos, amables y adecuados a los tiempos que los de su homólogo estadounidense, con el que inevitablemente se compara: Europa representa la primacía de la comunidad sobre la autonomía individual, de la diversidad sobre la uniformidad cultural, de la calidad de vida sobre la acumulación de la riqueza, del desarrollo sostenible sobre el crecimiento material ilimitado, de los derechos humanos sobre los derechos de propiedad, de la cooperación global sobre el ejercicio unilateral del poder.

Desafortunadamente, esta visión optimista resulta la última parada ―quién sabe si habrá más― del viaje esperanzado en el que se ha instalado el Viejo Continente desde el final de la II Guerra Mundial. Los movimientos europeístas del pasado ―por ejemplo, en el siglo XIX Victor Hugo preconizaba la creación de los “Estados Unidos de Europa”― cobraron un vigor desconocido al término de la salvaje contienda, y la idea de una Europa unida fraguó como garante de una paz duradera así como de un progreso social y económico. En los inicios de la temible Guerra Fría acontecen hitos históricos como el Congreso europeísta de la Haya (1948), la fundación del Consejo de Europa (1949) o la insólita iniciativa de la CECA ―Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1950)―, en virtud de la cual Francia y Alemania se avenían a compartir sus recursos industriales y se conjuraban para clausurar un pasado rico en episodios bélicos. Estos y otros logros políticos e institucionales sembraron las bases de los Tratados de Roma de 1957, germen de lo que hoy se conoce como “la Europa de los 28”.

A nadie se le escapa, sin embargo, que el proyecto de una “casa común europea” ―tomando prestada la popular definición de Mikhail Gorbachov― atraviesa una crisis muy profunda desde hace algo más de una década. La recesión económica iniciada en 2007 desencadenó fuertes tensiones entre sus socios, geográficamente divididos entre los países del norte y los países mediterráneos de Europa, así como entre los del Este y el Oeste. En la última década, el Mediterráneo se ha erigido como un escenario de la vergüenza, la de un continente que no ha sabido ofrecer una respuesta digna a los millares de migrantes que han apostado sus vidas a una visión de Europa como tierra de acogida y promisión. Y en lo político, el auge de los populismos nacionalistas y el culebrón del Brexit manifiestan un euroescepticismo cada vez más sombrío y veraz.

Sobre este marco histórico, socioeconómico, cultural y político, se solicitan artículos que analicen cómo el cine, la televisión, la fotografía o el vídeo están dando cuenta de la crisis del “sueño europeo”.

En concreto, se tomará como referencia tres líneas de investigación:

1)     El éxodo de refugiados y migrantes (o visiones del sueño europeo ab extra, esto es, desde fuera)

2)     Entidad e identidad de la “casa común europea” (o visiones ab intra, esto es, desde el interior)

3)     Conexiones entre el “sueño americano” y el “sueño europeo”.

Aunque no solamente, son bienvenidas contribuciones relacionadas con cuestiones como:

  • La realidad de los refugiados
  • La representación de los éxodos migratorios legales e ilegales
  • Europa como tierra de acogida
  • El arquetipo del emigrante: por ejemplo, políticas de encuentro vs. el emigrante como “otro”.
  • Los proyectos de construcción institucional de carácter europeísta
  • Europa frente a sus amenazas: el “telón de acero”, la xenofobia, movimientos de extrema derecha y movimientos nacionalistas, el Brexit, el euroescepticismo, etc.
  • Europa como continente de emigrantes e inmigrantes
  • Los desafíos de la interculturalidad y multiculturalidad
  • Conexiones y diferencias entre el “sueño americano” y el “sueño europeo”
  • Las narrativas de conversión: impulso del ethos del “sueño europeo” a través de los medios audiovisuales
En resumen, este número monográfico de Fotocinema pretende ahondar en cómo las artes y los medios audiovisuales reflejan la idea de Europa como “casa común”, la crisis profunda que hoy atraviesa, y los principales retos y problemas a los que se enfrenta para hacer posible de nuevo su regeneración y supervivencia.


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