Beatriz Sánchez Torija (2018). Fotografía de Casiano Alguacil. Monumentos artísticos de España. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, Ediciones Universidad de Cantabria. Colección Enclaves Culturales. Reseña de Bernardo Riego Amézaga (Universidad de Cantabria).

Cuando comenzó la recuperación cultural de la Fotografía, a comienzos de la década de los años ochenta del pasado siglo XX, la figura de Casiano Alguacil fue una de las primeras estudiadas y conocidas gracias a los trabajos pioneros de Manuel Carrero de Dios y otros historiadores del ámbito manchego que, ya en 1983, publicaron un trabajo en el que se dio a conocer las fotografías de este autor en Toledo, auspiciado por su propio ayuntamiento. De ese modo Alguacil formó parte del primer panteón de autores fotográficos del siglo XIX, al mismo nivel que Clifford o Laurent, por citar tan solo a dos de los más reseñados en los primeros años de investigación histórica de la fotografía española.

El libro de Beatriz Sánchez Torija, objeto de esta reseña, retoma esos trabajos primigenios y hace ahora una exhaustiva visión histórica de un fotógrafo como Casiano Alguacil, de su obra y de su dimensión patrimonial, en la figura de un autor de gran importancia, implicado en los valores del republicanismo, muy activo políticamente en el sexenio democrático y que se adscribió a los valores culturales que se conformaron en la sociedad liberal decimonónica y en los que la Fotografía tuvo un valor que fue más allá del mero registro de las imágenes que hoy nos han llegado, sino que la nueva tecnología se constituyó como uno de los agentes culturales de la conformación identitaria del nuevo tiempo político y social inaugurado en el siglo XIX,  y en el caso del fotógrafo que nos ocupa, captando con su cámara fotográfica lo que otros medios, como la estampa o la prensa ilustrada, estaban haciendo a través de las imágenes y los textos, contribuyendo en su conjunto a la revalorización de un pasado que redefinía la puesta en valor  que se apreciaba en la visión histórica de una España reconstruida a través de las ideas que estaba difundiendo la cultura liberal y a la que Alguacil contribuirá con su colección de Monumentos Artísticos de España.

La autora parte del trabajo de su tesis doctoral, defendida en la Universidad de Castilla- la Mancha, y que, dirigida por Esther Almarcha Núñez Herrador, logra ser un trabajo definitivo sobre la figura de éste fotógrafo, recogiendo las circunstancias no solo de su trabajo profesional y su biografía histórica, sino su ubicación cultural y patrimonial, lo que nos arroja una visión muy completa de su obra y las aproximadamente 1750 imágenes que se conocen actualmente de Casiano Alguacil y que constituyen un valiosísimo patrimonio documental no solo por lo que muestran sino por el enfoque dado a su obra dentro de la concepción de Monumentos de Españaque enseguida analizaremos brevemente por su trascendencia internacional en la Europa decimonónica.

Beatriz Sánchez Torija comienza su biografía en el capítulo segundo de la obra con una idea sugerente Casiano Alguacil fue un hombre de su tiempo, que supo hacerse a sí mismo a pesar de proceder de un entorno humilde. Cuando contaba con unos 30 años decidió dedicarse a la fotografía, una apuesta algo arriesgada para el momento, pero que condicionaría el resto de su vida. Gracias a ese estudio pormenorizado de su entorno familiar y personal descubrimos una vez más, que la nueva profesión de la fotografía, una de las más novedosas del momento, se va nutriendo de personas de diversas procedencias, que nos hace comprender lo atractivo que resultaba a mediados del siglo XIX, una actividad profesional que no era sencilla pero que si era muy lucrativa y para la que se requerían conocimientos técnicos y sobre todo un buen gusto estético que no todos los que se dedicaban a la fotografía tenían y eso era objeto de continuas críticas tanto en la prensa como en algunos de los manuales fotográficos editados en la época. En el caso de Casiano Alguacil, que ha trabajado de carpintero en Madrid, decide, según ha estudiado la autora, retornar a la Mancha hacia 1862, y se instala en una de las ciudades monumentales españolas por excelencia; Toledo, donde acometerá su Museo Fotográfico de vistas toledanas que conecta con una tendencia internacional de la fotografía en estos años que es la creación de colecciones monumentales para un comercio internacional de imágenes fotográficas que continua el creado por la estampa, con el soporte, entonces de alta tecnología, que tenían las imágenes fotográficas y que sirve tanto a los viajeros como a quienes, por diferentes motivos, a veces para el propio estudio,  gustan o necesitan tener registros de los bienes monumentales que el pasado ha legado. Aunque Toledo fue el eje de su trabajo, también su actividad profesional se extendería a otras ciudades monumentales españolas, donde captó imágenes que complementarían su archivo comercial, que, al igual que el de otros autores europeos reflejarán las colecciones documentales nacionales, dándose la singularidad, que destaca muy bien la autora en el caso de Alguacil, de ser el propio fotógrafo el que se constituye como conservador público de su obra en el primer Museo Artístico y Fotográfico auspiciado en 1908 por el ayuntamiento de Toledo, mientras que una colección fotográfica similar en su concepción. como fue la de Jean Laurent, tuvo que esperar a 1983 para que fuera adquirida por una entidad pública. Resulta singular y relevante que, a comienzos del siglo XX, el trabajo patrimonial de monumentos que había realizado el fotógrafo toledano, ya estaba custodiada y puesto a disposición del público en una iniciativa muy moderna y pionera para las prácticas culturales españolas respecto a su patrimonio visual.

Además de la biografía y el análisis de la obra de Casiano Alguacil el libro consigue ser una visión completa del significado de este autor, ya que Beatriz Sánchez Torija no se detiene en el estudio exhaustivo de las fotografías. Otro de los elementos muy reseñables del libro es todo lo que supone el redescubrimiento de la figura de Alguacil en la década de los años ochenta y lo que tiene de historia del propio redescubrimiento de la Fotografía como elemento patrimonial fundamental de la sociedad contemporánea, a lo que suma la autora el pormenorizado detalle de las imágenes que se han conservado de este autor y en que instituciones se encuentran en la actualidad.

En suma, un libro muy valioso por su enfoque y rigor y por la amplitud de miras con el que ha sido elaborado. Una investigación que debe tenerse en cuenta a partir de ahora para entender la importancia de las imágenes fotográficas españolas producidas en el siglo XIX. Sin duda, Beatriz Sánchez Torija lo explica claramente con sus propias palabras casi al final del libro:

La producción de Alguacil invade muchos ámbitos de la cultura y ahí estriba gran parte de su éxito. Al examinar su obra ha sido fácil encontrar diferentes lecturas patrimoniales, ya sea desde el punto de vista del patrimonio histórico, arquitectónico, artístico, museológico y museográfico, antropológico, etnográfico, etc.; únicamente había que saber buscar las coordenadas correctas y analizar la fotografía en base a ellas. Una búsqueda, en ocasiones arqueológica, que la autora, ha sabido culminar con éxito como se deduce de la lectura de este interesante y necesario libro.



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